El SUFISMO PRIMITIVO Y EL ORIGEN DE LA LENGUA PERSA MODERNA

 por Fco. Javier Bermejo

La lengua persa moderna surge a finales del siglo IX d.C. y principios del siglo X d.C. en el noreste del actual Irán, en la provincia de Khorâsân, una provincia poco afectada por el rigorismo religioso formalista del zoroastrismo o del Islam. Esta provincia muy alejada del centro de poder abbasí, pero no por ello escasamente islamizada, alojó a un buen número de eminentes hombres de letras que conocieron muy bien las dos lenguas cultas vigentes: el árabe y el darí o persa medio pre-islámico. De la competencia lingüística de esta minoría ilustrada en la lengua árabe y en materia religiosa islámica dan buena prueba la ingente obra en esta lengua que los primeros sufíes persas realizaron desde el siglo VIII d.C. hasta el siglo XI. d.C. El árabe hablado y escrito en esta zona de Persia era un el árabe coránico clásico, aprendido por los conversos persas, que distaba mucho de las formas corruptas dialectales que estaban vigentes en otros puntos del imperio abbasí.

A la erudición en materias islámicas y en la lengua árabe, añadían un conocimiento profundo de la historia, religión, costumbres y literatura pre-islámica, por lo que fue posible, sin aparente contradicción, generar una nueva cultura persa síntesis de la tradición irania y de la nueva fe islámica. Esta nueva cultura tiene su medio de expresión más perfecto en la nueva lengua persa, el neo-persa, que surge como síntesis fecunda de la lengua darí en su morfosintaxis y léxico antiguo conservado y de la lengua árabe en su léxico renovado. Las circunstancias políticas de la zona de Khorâsân favorables a un incipiente nacionalismo iranio frente al islamismo panarabista posibilitaron la aparición de obras literarias que por su estilo, género y vocabulario pueden calificarse como continuadoras de una tradición literaria secular que caracterizó a la Persia pre-islámica.

El sufismo como fenómeno religioso tiene también una dimensión literaria y cultural de primer orden en todo el Islam y en particular en lo que respecta a la lengua persa. El sufismo es la respuesta ascética y mística, con antecedentes pre-islámicos, a la imposición religiosa, política y social del Islam por parte de los árabes en los territorios conquistados a los imperios Bizantino y Sasánida. Es la continuidad, dentro del Islam, de una actitud ética de renuncia a lo mundano y la búsqueda personal de Dios con amplia implantación en todos los territorios no árabes del imperio omeya y abbasí. Un movimiento espiritualista tan extendido y profundo produciría desde sus comienzos una copiosa literatura que contribuiría a crear una lengua refinada, conceptual y sensual que con sus recursos rítmicos, su apertura conceptual y su posterior expansión universal interétnica elevaría el nivel espiritual y semántico de la lengua neo-persa propiciándola como “lengua franca” del sufismo y, por tanto, de la espiritualidad del Islam.

Cuando se pretende establecer el origen de la lengua neo-persa se suele mencionar el “Shâhnâme” de Ferdusî (n. 940 -m.1020 d. C.) como la obra señera de una época de eclosión nacionalista en la que el autor recupera buena parte del léxico iranio postergado en el neo-persa ya vigente y repone un genero literario añejo de la cultura persa pre-islámica y del que luego se hace profusa utilización y notable imitación en todos los ámbitos donde la cultura y la lengua persa son preponderantes. Junto a este importante autor en una dirección muy distinta, más filosófica y más integradora de lo nuevo aportado por la lengua árabe y por la religión islámica, se sitúan un conjunto de autores persas pertenecientes al movimiento sufí.

El autor más representativo de este sufismo en neo-persa es Abû Sa’id Abolkheir (Meyhané, 967 d.C.-Sarakhs,1049) perteneciente a la denominada escuela sufí de Khorâsân como opuesta a la de Bagdad. La primera está dominada por los autores persas que desean utilizar su lengua vernácula frente a la segunda que es más arabizante, lo que no excluye la participación activa en la misma de autores de lengua persa mayoritariamente procedentes de la región de Fars en el SO de Irán, pero que escriben sobre todo en lengua árabe. Es interesante subrayar el antagonismo geográfico y cultural entre estas dos zonas de Irán: Fars y Khorâsân.
El sufismo persa de principios del siglo XI d.C. se caracteriza por:
a) la utilización mayoritaria del neo-persa en sus escritos frente al uso del árabe en la etapa anterior.
b) la diversificación y fragmentación de la masa de creyentes que evolucionan hacia una personalización de su fe y hacia una expresión más particular y menos monolítica de su credo, que también propicia el uso de las lenguas vernáculas frente a la lengua “única” de la revelación coránica: el árabe.
c) la institucionalización de la “khâneqâh”lugar de reunión, de culto, de experiencia religiosa y adoctrinamiento de los discípulos por parte del maestro que precede a la fundación de las ordenes sufíes.
d) la integración social del sufismo con sus ideas éticas y tendencias antilegalistas creándose así un mecanismo vertebrador de la sociedad islámica tan propensa al formalismo normativo.

Estas características determinan la acción espiritual de Abû Sa’id Abolkheir que mediante el uso de la lengua neo-persa instruye a sus discípulos valiéndose de las “cuartetas” de gran economía expresiva y eficacia memorística. Estas composiciones pedagógicas responden a una necesidad de transmisión de ideas ético-religiosas que están muy presentes en la literatura pedagógica pre-islámica.

La utilización de la poesía, la música y la danza como medios de instrucción y de aprendizaje espiritual del proceso de acercamiento a Dios se realiza con el fondo de una cultura que no reniega de su pasado pre-islámico. La formulación de los principios que rigen el espíritu de la “Yawâmardî” o “Ayyāri”, de la caballerosidad en la intención y en la conducta, se realiza sobre diversas corrientes espiritualistas vigentes en Khorâsân.

En definitiva es la lengua que se está modelando y sintetizando en una fase superior de su evolución la que está presente en todas las actividades que afectan al sufismo. El sufismo y la actividad literaria cortesana son los dos polos de desarrollo de la lengua neo-persa. Ambos polos tienen una inmediata proyección que excede su ámbito geográfico inicial y su limitado ámbito político y étnico. En pocos años pueblos recientemente islamizados, muchas veces por misioneros persas, siguen las directrices espirituales sufíes o se expresan siguiendo los modelos cortesanos elaborados previamente en las distintas cortes donde el protocolo, la administración y la literatura utilizan la lengua persa renovada.
El sufismo persa primitivo tiene un ámbito geográfico coincidente con el área de influencia del antiguo imperio sasánida, aumentado con las conquistas mahometanas de la periferia de éste. La influencia de la lengua y cultura persa en los pueblos túrquicos es un hecho probado desde su islamización. Puede decirse que aunque islamizados en su religión fueron fuertemente iranizados en su cultura. El persa fue un medio difusor de una cultura que superaba a la islámica en antigüedad y densidad y que ha dejado huellas profundas en el modo de pensar y concebir el mundo desde el Norte de la India hasta Malasia y desde Turkmenistán hasta la actual Turquía, pasando por Uzbekistán, Tayikistán y Afganistán. Como ya ha quedado patente son miembros ilustrados de las activas minorías de persas bilingües los que llegan a influir en todo el pensamiento islámico desde sus orígenes.

Es necesario señalar la prácticamente nula influencia apreciable en los dialectos árabes modernos del léxico y sintaxis persas. Los autores persas, sufíes o no, transfirieron sus palabras vernáculas a esta lengua reputada como perfecta y pura. Existen términos técnicos de la espiritualidad sufí que son de origen persa, pero no existe paralelismo posible entre las influencias de una lengua en la otra. La lengua persa fue receptiva, la lengua árabe no. Los autores sufíes persas no influyeron en el léxico árabe mientras que el persa renovado integró masivamente las nuevas palabras que permitieron una mayor potencia expresiva del idioma.

El hecho empírico comprobable es que en todos los léxicos de las lenguas modernas túrquicas e hindí que se formaron a lo largo de los siglos como síntesis de sus propios recursos lingüísticos y del persa se puede detectar un considerable número de palabras comunes a todos y al persa contemporáneo. Dichas palabras proceden del árabe y del persa propiamente dicho. La forma en que han quedado codificadas en los repertorios léxicos elaborados desde el siglo XVI es fundamentalmente persa en su fonética y contenido, difiriendo en muchas ocasiones del original árabe en su pronunciación y significado primigenio.

El sufismo persa supuso un elemento integrador entre los creyentes musulmanes que procedían de distintos orígenes étnicos y tribales, dicha integración personalizada propicio el uso de la lengua persa como un medio de comunicación y de cultura suficientemente prestigiada como para superar reticencias ancestrales que hubieran imposibilitado aún más la paz y la convivencia entre los distintos pueblos sujetos a su influencia.

La razón última de vigencia de la lengua persa en el imperio otomano hasta fecha relativamente reciente no se debía a la admiración ni al dominio previo de los Sasánidas sino a la devoción y admiración que los sufíes persas suscitaban en los Otomanos. El mismo Mehmet conquistador de Constantinopla a finales del siglo XV se expresaba también en persa y muchos de sus descendientes pertenecieron a alguna orden sufí y fueron notables poetas en lengua persa. La influencia sufí en el imperio otomano es muy fuerte y como corolario la de la lengua que es su vehículo expresivo. En el actual turco republicano la ausencia de persianismos puede deberse a la actitud anti-sufí, pero no antiárabe y anti-safávida de los continuadores modernos del imperio otomano. Si se compara el osmanlí (turco otomano) con el actual la eliminación sistemática de lo persa no tiene parangón ni siquiera con la depuración del hindí. En éste último la pervivencia de palabras persas es extraordinariamente alta y con unas connotaciones culturales de primer orden, frente a la eliminación progresiva y manifiesta de un buen número de palabras de origen árabe, aunque también propias del persa post-islámico. El urdú es una lengua que ha conservado casi íntegro el fondo léxico arábico-persa y representa la continuidad de un proceso de enriquecimiento léxico presente en otras lenguas como el chagatay (predecesor del actual uzbeco y lengua literaria en el siglo XVI).
Es interesante observar como las lenguas modernas de la zona de influencia del persa, pese a las políticas depuradoras extremas a las que se han visto expuestas, siguen presentando trazas inequívocas de la presencia persa. Sirva como ejemplo de lo afirmado la presencia común en los léxicos túrquicos e hindí de dos términos del persa contemporáneo muy relacionados con el sufismo: “xodâ” (dios) y “gonâh” (pecado), ambas palabras están presentes en el persa medio (pahlaví) y con ligeras modificaciones fonéticas han sobrevivido hasta al actualidad en un ambiente religioso donde el Islam dejaba muy estrecho margen para la presencia de palabras no pertenecientes a la “lengua perfecta” del profeta, el árabe. Es interesante constatar que en los terrenos de la reflexión ética y moral los términos persas necesitan ser traducidos y explicados en la lengua árabe.

Hay que distinguir en todo caso el área de influencia del sufismo persa del propio del sufismo árabe (escuela de Bagdad y sucesores) que aunque conocedor del primero siguió su propio camino muy enclaustrado en la estructura de la lengua árabe, fueron los otomanos conquistadores de los territorios arabizados de Egipto, Irak y Siria los que ordenaron las traducciones al árabe de los grandes místicos como Rumí. Estas traducciones se hicieron a instancias de los miembros de algunas órdenes sufíes que acompañaron al poder otomano en su expansión.

El sufismo persa recoge y trasmite tradiciones literarias pre-islámicas que están cargadas de una religiosidad activa práctica. La literatura sufí que expresa la experiencia extática de la aproximación a Dios, la recopilación de obras moralizantes, la exégesis coránica, los devocionarios y todos aquellos aspectos que pueden “humanizar” y mejorar la práctica religiosa del individuo están presentes en muchas obras literarias sasánidas. La reorientación islámica es capital en lo que es el nuevo rumbo de la espiritualidad de una parte muy importante de la nueva sociedad islamizada y persianizada del extenso ámbito geográfico considerado. Es necesario señalar que la influencia integradora de la lengua persa se debe en gran medida a las características lingüísticas de la misma, eufonía y claridad morfosintáctica, que permiten una aproximación relativamente sencilla a la misma. Los géneros literarios, eclécticos y flexibles, permiten dar vida a todo un mundo de inquietudes espirituales que gracias al ejercicio de la lengua permiten un progreso objetivo de la conciencia de sus hablantes y lectores.

 

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